Hay cosas que una vez las conoces parecen tan sencillas que resultan casi de sentido común. Una de ellas es la que te voy a contar: “Si cambias tu punto de vista, todo tomará una nueva dimensión“.

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Foto de Chase Elliott Clark bajo licencia Creative Commons (CC)

La dibujante Edwards Betty propone en su libro Aprender a dibujar un curioso ejercicio con rápidos (y acertados) resultados. Hacerlo no lleva más de veinte minutos, a lo sumo, y resulta recomendable tomarse ese pequeño tiempo. Me he permitido hacer unas variaciones sobre el mismo:

  1. Coge un retrato de una revista y dibújalo lo mejor que puedas. No debe importar que quede bien o mal, o que resulte infantil. Nadie excepto tú verá ese esbozo.

  2. Ahora elije otra fotografía, del mismo estilo, y antes de dibujarla gírala cabeza abajo. Dibújala de forma inversa, sin girar tu dibujo ni la foto en ningún momento.

  3. Ahora gira los dibujos y compáralos.

Aunque no es una cifra científica, el 90% de los casos suelen reflejar que es mejor el resultado del segundo dibujo. ¿Por qué? El primero lo hicimos con nuestro cerebro en modo “piloto automático”. El cerebro ha estado trabajando desde el lado izquierdo (racional) en lugar de utilizar lado derecho (creativo). En otras palabras, nuestro cerebro se ha encargado de asociar lo que veíamos con la información almacenada en su interior. Esto no pasa solo en la pintura, sino en todos los medios artísticos.

Hace unos años tuve la suerte de acudir a unas clases con Jorge Volpi. Por aquel entonces Volpi estaba muy interesado en la neurociencia y en como aplicarla a la escritura. Nos habló de como el cerebro es una maquina capaz de anticiparse a lo que puede suceder. No iba nada desencaminado; años atrás también asistí a unas conferencias con Francisco Mora, doctor en Neurociencia por la Universidad de Oxford y catedrático de la Universidad Complutense. Aplicado a otros temas más “duros”, venía a decir lo mismo.

¿Afecta esto a nuestra creatividad? Mucho más de lo que nos gustaría. Cuando estamos ante una decisión, nuestro cerebro buscará automáticamente una solución en la biblioteca mental de que dispone. Una de las mejores cosas que podemos hacer es ampliar mucho esa biblioteca, consumiendo todo tipo de historias y recursos, pero con eso no lograremos que nuestro cerebro deje de anticipar. Cuando nos enfrentemos a una decisión intentará, de nuevo, completar la historia con partes de su base de datos.

Sirva de ejemplo la creación de un personaje:

“Emilio es un fotógrafo de plantas de Teruel. Le están persiguiendo tres personas son…”

Mi cerebro automáticamente tiende a completar

“…unos delincuentes a los que les debe dinero”

Apuesto a que muchos de vosotros habéis pensado lo mismo o algo similar: le persiguen por algo negativo. Esto se debe a que nuestro cerebro ha sopesado qué es lo que más posibilidades tiene y ha decidido. En el mundo real es una opción que nos puede venir muy bien como método para evitar problemas, pues nos cambiaríamos de acera para evitarles. Sin embargo, a la hora de crear sólo nos llevaría a caer en lugares comunes una y otra vez.

Es necesario que al afrontar una decisión te pares a pensar el número de opciones posibles que te ofrece tu biblioteca y te decidas por una de ella. Eso es lo que hacemos cuando dibujamos al revés: al estar viendo cada nueva linea como algo extraño y no familiar, estamos obligando a nuestro cerebro a replantear cada uno de los trazos. Eso mismo es lo que debemos de hacer cuando estemos planteando un guión, relato, escenario, personaje…. Hay que cambiar el punto de vista y salir de lo previsible. En definitiva, buscar el camino menos transitado.

Ahora os invito a que, la próxima vez que estéis creando una historia y tengáis que tomar una decisión importante, apuntéis en un papel 10 o 12 posibilidades antes de decidiros por una. Os sorprenderá ver la cantidad de recursos que tenéis en vuestra mente.