Fotograma de Rashomon (Kurosawa, 1950), para explicar el efecto Rashomon

Fotograma de Rashomon (Kurosawa, 1950)

En 1950, Akira Korosawa estrenó una de sus obras maestras: Rashomon. Lo que no sabía en ese momento es que también estaba dando nombre a un efecto narrativo que muchos imitarian después. Esta técnica narrativa no es otra que aportar distintas versiones sobre un hecho, en base al punto de vista de cada uno de los implicados.

Dicho de otra forma, el “efecto Rashomon” aporta versiones de una misma historia que por separado son consistentes pero que en conjunto se contradicen unas a otras, haciendo imposible su convivencia. Eso se debe a que, segun el historiador cientifico Thomas S. Kuhn, dos personas enfrentadas a la misma situación pueden tener respuestas distintas porque su percepción del hecho está influida por diversos factores.

Es cierto que son muchas las obras que utilizan esta técnica narrativa, pero si lo llamamos “efecto Rashomon” es porque en esa película se muestran cuatro versiones distintas de un crimen, imposible de determinar. Si los hechos reales son los mismos en todos los casos, ¿cómo es que resulta tan complicado obtener una sola verdad?

La única manera de superar el “efecto Rashomon” es desde la distancia y el conocimiento. El espectador no podrá saber qué ha sucedido hasta que, con distancia, recopile todas las versiones y juzge de manera objetiva los hechos. De esta manera es posible que los implicados nunca sean capaces de saber toda la verdad, al no poder distanciarse de la historia que ellos mismos han vivido. Llegados a este punto es cuando el espectador, como en toda obra que consideremos “moderna”, juega un papel imprescindible como decodificador de la obra.

Una vez explicado este efecto, quiero daros una clave para el visionado de Rashomon: pensad en las dos caras de la moneda que Kurosawa nos muestra. Por un lado está la duda y reflexión de los personajes en la puerta del tempo, y por el otro están las versiones personales de la historia que acontecen en el bosque.

Como decía, son muchos los ejemplos de este tratamiento de la información en la narrativa contemporanea: El cuarteto de Alejandria, de D.H. Lawrence; Pulp Fiction (aunque en menor medida) de Quentin Tarantino; La española cuando besa, el relato de Fernando Iwasaki, contenido en Helarte de amar, e incluso la serie How to Get Away with Murder (ABC, 2014) en multiples capítulos. Y estos son sólo los que he podido sacar a vuelapluma (qué bonita expresión).

Algunos os preguntareis: ¿cómo puedo aplicarlo?. Amigo, ese es el problema; es muy dificil crear el efecto correcto, ir conociendo la historia poco a poco y que ésta cambie su sentido una y otra vez. Por lo tanto, mi recomendación es que practiquéis. Escribid la misma versión del mismo hecho desde distintos espectadores y reflexionad sobre ellas.

Aunque no salga nada en claro, os dareis cuenta de que la literatura os permite pensar que todo puede ser visto desde distintas ópticas y que la verdad categórica rara vez existe o se basa en hechos objetivos. ¡Qué bien nos iría a todos si tomásemos distancia de vez en cuando para reflexionar y darnos cuenta de que nuestra verdad siempre es verdad pero rara vez es “la verdad”!